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Lagunak Sessions “Catalunya Harmònica Summit”

abril 26|12:00 pm-3:30 pm

«Sin una canción, el espíritu no descenderá», reza un viejo aforismo africano que describe a la perfección el extraño sortilegio que desprende el blues. Lagunak, «amigos» en euskera, es el juego de palabras bajo el cual, convocados por Javier Laguna, han sido llamados a filas, en La casamurada, un estudio de Banyeres del Penedès (Tarragona), algunos de los mejores bluesmen de Catalunya, con permiso, claro está, de la portentosa Sweet Marta y el bueno de Greg Izor, crecido en Vermont, Estados Unidos, pero residente en Madrid desde hace unos años. Una lista de amigos, sospechosos más que habituales, capaces de trasladarte a un juke joint de un plumazo y hacerte sentir ese hechizo bajo el cual el espíritu del blues se hace carne cada vez que se le invoca.

Doce temas como doce apóstoles, o como un blues de doce compases, habitan Harp record. Lagunak sessions, donde este disciplinado escuadrón, liderado por la entusiasta batuta de Izor, unido por la camaradería y la generosidad; o si queréis, como en el mítico western de Sam Peckinpah, este Grupo salvaje fiel a sí mismo, se acoge a los códigos de la vieja usanza para rendir homenaje a sus maestros.

Que no os quepa duda, Lagunak cuenta con los mejores: Little Jordi, el bajo sinuoso, juguetón, latente pero siempre presente, que se amalgama cual argamasa a las selectas baquetas de Reginald Vilardell, cuyo beat, su toque singular, personal e intransferible se mece en la cadencia de los años cincuenta. Sin duda, una sección rítmica a prueba de bombas.

Johnny Big Stone, el songster de raza, la guitarra tenaz, de virtuoso esfuerzo, el mesurado cowboy que abraza por igual al reverendo Blind Willie Johnson que a Steve Ray Vaughan; amén de su faceta como cantante.

Sweet Marta, la hormiga trabajadora, la cantante y armonicista talentosa, abnegadamente humilde, que devino en reina por méritos sobradamente probados, la blues worker cuyo tono de armónica único, profundamente pantanoso, admirado a ambos lados del Atlántico, se gestó en Salt, un pueblo de Girona y, quién lo diría, acabó girando con sus referentes por Estados Unidos…

Óscar Rabadán, de la saga de los Rabadán, el que nunca se anda con rodeos y siempre ataca las notas correctas, minimalista, preciso, certero: menos es más. En definitiva, el que fuera el jovencísimo e irreductible aprendiz de guitarrista que, ya en los lejanos noventa, instruyera e inspirara a su hermano pequeño en los rudimentos del blues para, posteriormente, saberse disputado por músicos de la talla de Blas Picón o Víctor Puertas.

M.A. Lonesome, el verso libre por vocación y temperamento, la armónica descacharrante, tierna, juguetona, desatada, el soplalatas más dicharachero de la pandilla, el ‘’cuerdo-loco’’ más parecido al bueno de Murdock en El equipo A. Y cómo canta; pasen y escuchen, si no.

David Sánchez, el apóstol del blues, el hombre abducido por cuatro planchas de metal que vibra y un peine de madera clavados con un puñado de clavos en 1896, el padowan que persiguiera al enorme Joe Filisko, cual Uma Thurman en Kill Bill, hasta que el maestro accedió a darle clases y consiguió llevar su armónica a otro nivel. El que lleva años haciendo proselitismo sobre la música negra en la radio… El que a menudo rescata y ensalza los blues de preguerra de la mano del ínclito Balta Bordoy.

Víctor Puertas, el chico prodigio, poseído por el espíritu de Sonny Terry (nacieron el mismo día!), el que siendo un chaval cruzó el charco para ir al encuentro de su maestro Gary Primich, deseoso de aprender sus mejores toques. La otra mitad de los respetadísimos Suitcase Brothers que hicieron, hacen y harán historia en Memphis y donde se les convoque… El pianista. El crooner en estado de gracia. El compositor. El guitarrista. El…Pero por el amor de Dios. ¿Hay algo que haga mal este hombre? ¡Alguien tenía que decirlo!

Y finalmente Greg Izor, el alumno más aventajado del bueno de Johnny Sansone, sin lugar a duda, su legítimo heredero. Bluesman de los pies a la cabeza, de armónica torrefacta, incansable holler cuya educación sentimental, y en parte musical, se gestó en New Orleans para conquistar Europa años después. Y es que ni falta que hacía estudiar El arte de la guerra: con semejante comandante en este grupo salvaje nada podía salir mal.

Que nadie os engañe; encontraréis lo que andabais buscando: ecos del ya referenciado Johnny Sansone, una acertada herencia de Howlin Wolf, el soul blusero del enorme, sutil, maravilloso e injustamente no siempre reconocido Buster Benton, una añoranza infinita por Gary Primich y seis temazos en los que Izor se mide —y con nota— con la mística compositiva del gran Willie Dixon. En definitiva, la pasión sencilla de los discos de antes en un recorrido que va del blues de Chicago a los campos de algodón de Clarksdale.

Cuenta la leyenda que en los ochenta, con tan solo 13 años, Javier Laguna, alma gestora de todo este tinglado, ya se gastó en discos los cuartos que le dio su padre durante un viaje de la lejana EGB. Años después siguió de cerca los pasos de Ñaco Goñi, coleccionó mil y un vinilos por las calles de New York, pasó tardes enteras, entre otros, escuchando discos con el añorado Malcolm Scarpa. Y ahora, cerca de los 60 veranos, nos regala esta joyita para el disfrute y el recuerdo.

Pero tranquilos, parece ser, por lo que se cuenta en los bares, que esto no acaba aquí pues algo nuevo se está gestando. De momento, cerrad los ojos, subid el volumen; uníos a Lagunak: os aseguro que el espíritu del blues descenderá. Palabra de bluesman.

Andreu Galan i Martí

 

Detalles

Fecha:
abril 26
Hora:
12:00 pm-3:30 pm

Local

Rubí, Masía Can Ramoneda (Societat de Blues)
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