Es muy recomendable pensar antes de actuar

Iturria: El Correo

Eguna: 24/02/04

Profesor de guitarra y pionero del jazz en Euskadi, el veterano músico bilbaíno debuta en solitario con un álbum muy intimista que refleja sus grandes influencias a las seis cuerdas: Pat Metheny, Joe Pass, Django Reinhardt…

Oscar Cubillo

El bilbaíno Raúl Sainz de Rozas, profesional de la guitarra desde cinco hace décadas (es profesor en la escuela Andrés Isasi de Las Arenas), pionero del jazz en Euskadi (en los 80 coincidió en los grupos Infussion y Pork Pie Hat con otros profesionales vizcaínos que siguen en la brecha: Javi Alzola, Edu Basterra, Blas Fernández, Alberto Rodríguez, Víctor de Diego…) y militante en la actualidad en varios proyectos musicales (lidera al grupo Organizing), ha debutado con un disco a su nombre, ‘999’ o ‘Nine, nine, nine’ (Errabal, 24), de ambiente en general sereno: «de los diez temas hay seis sin batería y tres son con una guitarra como solista, lo cual de alguna manera hace que el disco tenga un carácter intimista», nos explica.

Le acompañan músicos de altura a los que elogia el guitarrista: «Qué decir de Andrzej Olejniczak… Es una bestia parda con su saxo. Cuando llegó a Euskadi nos dejó con la boca abierta, y hoy día sigue haciéndolo. Ha sido un honor y un placer contar con él. También están Nika Bitchiashvili al violín maravilloso en ‘Al faro’, César Giner con su solazo de bajo en ‘Paisaje con lluvia’, Javier Mayor con su precisión al contrabajo, Juan Luis Castaño con su musicalidad a la batería y Alberto Rodríguez aportando su mandolina también en ‘Paisaje con lluvia’».

Entre tanto brillante acompañante, se imponen las guitarras en ‘999’. Guitarras que evocan a los músicos que le han marcado, caso de Pat Metheny (‘Diciembre’), de Joe Pass (‘Olga decir’ y ‘Lord Castle’, éste dedicado al maestro Joe Pass, quien dio clases al bilbaíno) o de Django Reinhardt (en el swing manouche ‘Al faro’), y a estilos como el blues en algunos giros de los punteos, la samba, la fusión, lo étnico, la vanguardia del tema titular ‘999’ (con el saxo de Olejniczak e inspirado en el controvertido tema experimental de los Beatles ‘Revolution 9’) o, según indica la hoja de promoción, Granados y Albéniz en ‘Vals de las nubes calladas’, pues Raúl Sainz de Rozas estudió guitarra clásica y luego se zambulló en el jazz de manera autodidacta.

Tocaste en los grupos Infussion y Pork Pie Hat, pioneros del jazz en Euskadi, allá por los 80. ¿Qué diferencias hay entre las escenas de entonces y ahora? Se da por supuesto que todo ha ido a mejor…

Aquí, en el País Vasco, las actuaciones son mucho más difíciles de conseguir. Actualmente no hay una infraestructura, ni en teatros ni en aulas de cultura. Y tampoco en el jazz hay ningún manager, con lo que todo se lo tiene que trabajar uno mismo.

¡Autogestión!

Mandas la información por correo y la mayoría de las veces no hay ninguna respuesta. En los 80 había algún manager. Nosotros, con Infussion, trabajamos con Brian Serrano y nos fue muy bien… Al margen de Infussion, también había una serie de conciertos organizados por el Gobierno Vasco en los cuales te apuntabas y tenías diez o doce bolos bien pagados en diferentes aulas de cultura. Hoy en día, pese a que los medios son más numerosos y la información es velociraptora, la cosa está mucho más difícil en mi opinión.

Pero ahora hay más músicos…

Ha mejorado la información y la educación. Se está a años luz de nuestra educación autodidacta. Hoy veo a jóvenes que tocan maravillosamente bien, pero no tienen dónde.

¿Tú cómo aprendiste?

Hice la carrera de guitarra clásica. Aprendí jazz de oído, por el boca a boca y a golpe de ensayo. Soy autodidacta. Entonces no teníamos ni musikenes, ni escuelas, ni grados medios.

¿Cuándo te atrapó la guitarra?

Me atrapó de muy pequeño. Con unos seis años. Tuve una entre mis manos, medio rota y con sólo dos cuerdas, y no me podía separar de ella.

No sólo tocas la eléctrica…

Entre los tres tipos fundamentales de guitarras hay grandes diferencias desde el punto de vista de un guitarrista. La eléctrica te permite jugar más con sonidos diferentes. La clásica y acústica son más sobrias. Y tocando en solitario resultan más complejas y caprichosas. Vamos, con la eléctrica puedes engañar más mediante la electrónica. Con la clásica y la acústica menos. Y si las tocas en solitario, no engañas a nadie.

Je, je… ¿Tu marca y modelo favorito de guitarra?

No tengo un modelo favorito. La que más uso en el disco es la Eferink. Es de un luthier holandés muy bueno. Para mí las guitarras son como los colores para un pintor: cada color es diferente. En el disco he grabado con una Eferink modelo Jessee Van Ruller. También la usé en el disco de Organizing. La guitarra acústica es una Eastman. Las eléctricas son una Gibson 335 y una Sergio Callejo Strato. La del último tema, el manouche (se refiere al titulado ‘Al faro’), es una Gerónimo Mateos boca en D. Me gustan muchas más marcas. Sería muy largo enumerarlas.

¿Y cuánto valen?

Entre 1.500 y 4.000 euros.

¿Cuántas guitarras tienes?

Siete guitarras.

Y ahora eres profesor.

Doy clases en la Andrés Isasi. La escuela de música de Getxo.

Sí, la de Las Arenas. ¿Qué tratas de transmitir a tus alumnos?

Siempre trato de contagiar la pasión por la música: que es algo vivo, orgánico, que tiene pulso… Luego en esta tarea hay una parte cerebral y organizativa que también se debe tener en cuenta. Y en muchos casos lo he conseguido: hay alumnos míos que han acabado un superior, o que se han dedicado a algo relacionado con la música.

Y volviendo a tu faceta de alumno: ¡a ti te dio clases el gran maestro Joe Pass (1929-1994)!

Sí, me dio un cursillo allá por los 80. Yo había ganado un premio al mejor instrumentista en un festival y el premio fue una cena en un restaurante italiano y el cursillo pagado de Joe Pass en Vitoria. Allí nos encontramos todos los guitarristas de una generación. Fue muy emocionante. Había sido un referente para todos. Y los primeros métodos que tuvimos fueron suyos. Sus discos son maravillosos.

En tu disco ‘999’ le dedicas la canción ‘Lord Castle’. Y he visto que Joe Pass tenía un tema titulado ‘Djangos’s Castle’, por Django Reinhardt, imagino.

Sí, a él le gustaba mucho Django. Para mí los dos han sido referentes.

¡Cuéntanos algo de Joe Pass!

Me pareció una persona humilde, y buena. Siempre empezaba las clases tocando una pieza. Y todos con el babero. Había un alumno que siempre le pedía que escribiera en la pizarra rearmonizaciones de un blues, y él siempre le daba largas. Hasta que el último día le escribió una pizarra entera de acordes cifrados de vueltas de un blues. Como si de una formula química se tratara. Y todos copiando aquello.

Ja, ja, ja…

Cuando dejó el rotulador, simplemente dijo: «Bueno, ésta es una manera. Hay infinitas variantes».

Hace poco, en un concierto en la Casa Cuna, el guitarrista de Los Brazos William Gutiérrez afirmó que a pesar del reguetón, etc., la guitarra es el instrumento que más se vende en la actualidad. ¿Es así?

Hombre, es un instrumento en un principio asequible si lo comparas con un piano. En las escuelas no suelen faltar alumnos de guitarra.

También afirmó que la guitarra, el instrumento más vendido, se la debemos al blues.

Bueno, no sé si más vendido gracias al blues. Creo que es más por el pop o el rock, estilos que no se entenderían sin el blues.

En efecto: William afirmó también que toda la música que oímos ahora proviene del blues, empezando por el rock. ¿A ti te influye el blues?

El blues es el ADN de la música negra. No te puede gustar el jazz si no te gusta el blues.

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