La banda viguesa que reivindica el sabor adulto

Iturria: La Voz de Galicia

Eguna: 10/09/2026

Más de una década después de su nacimiento, Family Folks publica un cuarto disco que mantiene sus raíces en su folk rock cósmico y reafirma su personalidad al margen de las etiquetas de moda

begoña r. sotelino

Rubén Suárez (Vigo, 1973) lleva tantos años entrando y saliendo de grupos que resulta difícil resumir su trayectoria en una sola formación. Ha pasado por Foggy Mental Breakdown, Los Tres Sudamaricones, High Sierras y otras aventuras musicales antes de llegar a Family Folks, la banda que comparte con Bosco Hill, Jorge Lorre, Rufus «El Guarro» y Xabier Vieitez y que ahora publica Sleeping Land, su cuarto disco, grabado en los estudios Stereoarte. Lo presentarán el próximo 25 de septiembre en la sala Supersonic.

La banda viguesa Family Folks no parece especialmente preocupada por encajar en el cajón de moda. Su música tiene un sabor adulto, construido con años de escuchar, tocar y descubrir discos, y se mueve por terrenos que van del folk al rock, el blues, el country o la psicodelia. Una propuesta que se aleja bastante del carril, a menudo demasiado transitado, del pop alternativo y el indie.

«Las etiquetas siempre son muy subjetivas», dice Suárez. Ellos han utilizado alguna vez una que les gusta especialmente: «folk rock cósmico». Lo de cósmico tiene que ver con la amplitud de miras. «Escuchamos un grupo de swing de los años 30, a un grupo de punk del 77, a un grupo australiano de ahora y nos gusta», explica. «No le ponemos pegas a ningún estilo realmente».

Rubén se define antes como melómano que como músico. «Empecé a comprar discos antes de empezar a tocar», cuenta. Aquella afición acabó llevándole a los escenarios y, con el tiempo, a Family Folks, proyecto que nació como un dúo acústico junto a Bosco, grabando el primer álbum en el 2016». Después fueron incorporándose músicos hasta llegar a la formación actual. «Cuatro discos en diez años», resume.

El nuevo trabajo marca además un paso adelante en el sonido. «Es un disco en que reafirmamos nuestra posición de banda ya más eléctrica», señala. La raíz folk sigue presente, pero ya no aparecen algunos de los elementos que podían identificarla de manera más evidente. «Ya no metemos mandolinas», apunta. Sí queda la guitarra acústica, pero gana terreno la eléctrica y, sobre todo, unos teclados que tienen «mucho protagonismo».

La transformación ocurre también durante los ensayos. Las canciones pueden nacer de una guitarra y una melodía, pero el resultado termina siendo mucho más colectivo. «Las manipulamos tanto entre todos que al final hemos optado por acreditar como autoría de las canciones a la banda entera, o sea, a los cinco».

Las letras de Sleeping Land tampoco responden a un único tema, aunque sí existe un hilo. Hay cuestiones sentimentales y amorosas, pero también una mirada sobre «la propia relación con el mundo, los tiempos en los que nos toca vivir». El título procede de un verso de una canción de Bosco y alude, de alguna manera, a esa sensación de vivir demasiado condicionados. «Estamos demasiado condicionados por el mundo, por la tecnología, por el incesante flujo mediático», dice.

Pero Rubén prefiere no explicar demasiado las canciones. «Me gusta que tengan varias lecturas y significar cosas completamente diferentes según quien las escuche», opina sobre una obra que se acompaña visualmente de vídeos realizados por ellos retazos de películas mudas libres ya de derechos de autor.

La mirada de Family Folks hacia la música también se nota en el formato. Los cuatro discos han salido en vinilo, pero no están tan locos. La mayor parte de la música se consume en streaming y Sleeping Land está también en plataformas digitales. No renuncian a nada y el formato físico lleva un cedé integrado dentro del propio vinilo.

Suárez no persigue una carrera musical a tiempo completo. «Mientras te dé para ir viviendo y haciendo algo que te guste, me parece mucho más enriquecedor que otras alternativas», explica. «Estamos a gusto así», añade.

Además de Family Folks, mantiene otros proyectos y continúa trabajando como diseñador gráfico freelance, otra actividad en la que lleva años y que le permite seguir vinculado a la creación. Hace portadas de discos (la de los suyos, y otras ajenas) y también carteles, aunque en este último terreno nota cada vez más la competencia de las herramientas de inteligencia artificial: «Para un cartel de un concierto, mucha gente dice: me lo hago yo con la IA», lamenta sobre un escenario sobrecogedor.

Tocando en tres grupos y medio

La música ocupa casi todo su su tiempo. «Ahora estoy tocando tres grupos y medio», bromea. El medio es Foggy Mental Breakdown, su primera banda, con la que comparte además a Xavi, teclista de Family Folks y amigo de Suárez «desde el instituto». Después de dos conciertos recientes que funcionaron bien, han decidido mantenerla en barbecho y recuperar ensayos «si sale algo que merezca la pena». A eso suma The Wavy Gravies, donde coincide con Jorge y Rufus, los hermanos que forman la sección rítmica de Family. Acaban de grabar y prevén publicar disco el próximo año. Allí el protagonismo es de Jorge. Y aún queda The Freebillies, con Bosco y Antonio Tato, sin bajo ni batería.

Foto:  SUSANA R. BARCIA

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