La habilidad de Igor Arzuaga

mayo 6, 2024

A modo de “outsider”, y siempre en segundo plano, Igor Arzuaga (Bilbao, 1976) es uno de esos artistas semiocultos y tan necesarios que para cuando nos damos cuenta han amasado han amasado una considerable trayectoria de grabaciones y conciertos. Totalmente entregado a su querido piano, Igor ha ido dejando su elegante huella en proyectos de todo tipo de lenguajes y texturas sonoras. Además de ex-miembro de Une Latzak y Exkixu y de haber colaborado con Mikel Urdangarin, ha venido publicando una interesante serie de grabaciones en solitario y en colaboración con otros artistas en los últimos años.

Igor Arzuaga presenta su nuevo disco «Goxoegia» a su nombre, pero bajo unas coordenadas musicales similares a las de sus anteriores entregas, bien a su nombre o  cuando firma bajo  Larrepetit o el mundo fascinante de Mara . Una vez más, oleadas vaporosas, suaves y elegantes de pop, jazz, folk y electrónica se entremezclan acompañando esas composiciones y esa voz inclasificables. Pero tened cuidado de sacar conclusiones precipitadas, no encontraréis aquí el típico disco repetitivo, impulsado por la falta de imaginación o de la pura pereza. Igor Arzuaga se siente cómodo y productivo en ese ecosistema que él mismo crea  y hace que nos sintamos cálidos y arropados cuando nos sumergimos en su interior. Una vez en sus entrañas, se percibe un entorno familiar (casi siempre guiado por un precioso piano), pero a medida que se profundiza se pueden encontrar en todas partes nuevos y fascinantes detalles de enorme sofisticación. Como ha dado a entender en varias entrevistas, a Igor le gustan mucho los juegos entre instrumentos, y ofrece así a cada uno su propio espacio, su medio de expresión y la posibilidad hacer su propia aportación. Esta actitud le permite construir un rico paisaje sonoro, en el que sentirse y hacernos sentir cómodos para ver y escuchar cómo se atreve a empujar con un placer casi erótico los límites del mundo de sus canciones mucho más allá de lo que hasta ahora habíamos imaginado. Algo que, a decir verdad, se disfruta con idéntico placer casi erótico.

Como en la mayoría de sus trabajos anteriores, las canciones de este disco han sido escritas, tocadas, producidas y cantadas por Igor Arzuaga, quien además realizó la grabación y las mezclas. Suyas son la voz, el piano, el bajo, la guitarra, el acordeón, la percusión y las programaciones. Pero para crear ese universo tan especial siempre tiene a su alrededor a músicos amigos, en este caso la Flauta de Laura Pelayo en «abuztuak zortzi”.

Las obras de Igor siempre son impactantes, emocionantes y están trabajadas con una sinceridad y un carácter incisivo que a veces puede hacer daño. Nos atreveríamos a decir que “Goxoegia” (demasiado dulce) es su obra cumbre si no fuera porque intuimos aún mayores cumbres esperándonos en el horizonte.

Resulta asombrosa la habilidad de Igor Arzuaga para amoldarse a todo tipo de ropajes musicales y mimetizarse totalmente en su interior. Inadvertido y natural,  al mismo tiempo el pianista laudiotarra es siempre capaz de dejar su sello personal.

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